miércoles, 1 de marzo de 2006

Uno de Vampiros...

Algún lugar cerca de la frontera con México, carretera secundaria, cerca del amanecer. Dos hombres hacían autostop al borde de una polvorienta carretera de Texas. A su lado, una furgoneta permanece aparcada en la cuneta. Ambos tienen la cara de aburrimiento de quien ha estado varias horas plantado en el mismo sitio sin hacer otra cosa que esperar.

”Con que las carreteras secundarias eran toda una demostración de la fraternidad y hermandad americanas… ¿verdad?” dijo el primer hombre. Tenía la piel más oscura que el segundo, además de tener la característica de no poseer acento de ningún lugar en particular, común en extranjeros que habían aprendido el idioma en sus viajes por el país. Vestía ropa conjuntada con bastante gusto y de aspecto caro, todavía no había caído aún en la complacencia de ir trajeado. Aunque esto era más bien por razones de pura praxis. En conjunto, y en pocas palabras, podría decirse que era un moro que, para variar, había aprendido a hablar inglés sin demasiadas faltas.

”Bueno… Podría decirse que aún estamos en México… ten un poco de paciencia y ya verás como todo va a salir bien…” dijo un hombre que estaba en el cenit de la mediana edad. Vestía ropas totalmente funcionales, mal conjuntadas y viejas, lucía un sombrero vaquero y gafas de sol, a pesar de que era de noche. De nuevo, y en pocas palabras, podría definírsele como el típico patriota americano: hortera y agarrado como un clavo ardiendo a la esperanza de que todo iba a salir bien.

”Cojones, me lo creí hace dos horas, me lo creí hace una hora, e incluso media hora atrás no albergaba todavía demasiadas dudas, pero el amanecer está cerca y resulta que de todos los coches y camiones que pasan por aquí, ¡NINGUNO HA PARADO!”

”Bueeeeeeeeeeno, está bien, usaremos el plan B…”

”¿Plan B? ¿Desde cuando tenemos un plan B? ¿Porqué no me has avisado de que teníamos un plan B?”

”Tenemos el jodido plan B desde que has empezado a quejarte como una nena sin parar durante media hora. Vamos, ayúdame a poner la furgoneta en medio de la carretera, vas a ver tu si paran ahora o no esos jodidos espaldas mojadas texanos…”

El árabe se puso tras la furgoneta y comenzó a empujarla; por su lado, el otro hombre abrió la puerta del vehículo y mientras empujaba con una mano, maniobraba con un volante. En unos segundos ya habían bloqueado el camino.

”¿Y ahora?”

”¿Ahora? Ahora a esperar…”

Ambos se sentaron en el suelo, manchándose los pantalones de polvo y uno de ellos empezó a fumar un enorme puro.

Un cuarto de hora después, una pequeña camioneta se acercó desde la dirección de México. Por un momento pareció acelerar al ver la furgoneta cruzada en la carretera, después bajó la velocidad y siguió manteniendo una conducción errática que no pasó inadvertida a los dos autostopistas.

Finalmente, con un poco de presión por parte de ellos, la furgoneta paró. El árabe enfundó la pistola y se acercó al lado del conductor, mientras que el otro al del copiloto, asiento que estaba desocupado. El chicano que estaba al volante bajó la ventanilla y miró nerviosamente al moro.

“Andele, ¿qué se les antoja?”

El hombre que se apoyaba sobre la puerta del copiloto, cuya ventanilla también estaba abierta, miró su reloj e hizo un gesto de impaciencia. ”No tenemos mucho tiempo… ¿qué te apuestas a que lo hago sin manchar nada? Todo por la ventana”

”Nah, ni en un millón de años lo conseguirías…”

“¿Pero qué?”

Eso fue todo lo que pudo decir el mexicano. En ese momento el hombre con sombrero vaquero desenfundó una pistola, la levantó y le pegó un tiro en la cabeza. Sus sesos salieron por la ventana del piloto y pasaron de largo al moro, que se había apartado convenientemente.

”¡JA! ¿Ves? Se ha quedado algo en el techo, yo tenía razón.

El del sombrero miró extrañado su pistola.

”¡Mecagoen…! Joder! Tenía munición de punta hueca… ¿Tú lo recordabas, verdad? Eres un…

Un ruido en la parte trasera de la furgoneta les hizo desviar la atención de la discusión.
Rápidamente llegaron a las puertas de atrás y, mientras uno sostenía una pistola, el otro abría la puerta.

Dentro habían por lo menos ocho espaldas mojadas.

”Joder… lo que faltaba…” por un momento pareció pensativo ”Mira, no hay mal que por bien no venga… ¡Ustedes! Si quieren salir bien de esta van a hacer ahorita mismo lo que yo les diga. Salgan y lleven todo lo que hay en la furgoneta cruzada en la carretera aquí sin decir una sola chingada palabra, y como se les caiga nada al suelo, les baleo aquí mismito. Si cumplen su parte, prometo que no les haremos nada.

”Tio, ¿porqué siempre tienes un acento mexicano de paleto cuando hablas a esos jodidos enanos espaldas mojadas?

”Si no quieres ayudarles, mejor no sigas…”

Uno de los mexicanos se acercó a ellos.

“Perdone, pero…”

El hombre del sombrero le pegó un tiro en la cabeza al latinoamericano, para cuando cayó al suelo, ya estaba muerto.

”Dije que sin una sola chingada palabra.”

Las lágrimas afloraron en los ojos de una mujer y ya estaba a punto de empezar a lamentarse de la muerte del hombre cuando el resto la empujaron hasta la furgoneta para salvarle la vida.

Diez minutos después la camioneta estaba cargada, la furgoneta estropeada estaba totalmente vacía y los mexicanos formaban una patética fila al borde de la carretera secundaria.

”Bien, llegó el momento que todos estábamos esperando, de nuevo nuestros caminos se separan y todos seremos felices con la transacción. el árabe sacó su arma y apuntó al primero a la cara, el resto se agachó, algunos salieron corriendo, todos gritaban. Pero el disparo impactó en el suelo, cerca de los pies del mexicano. El hombre de sombrero vaquero había apartado la pistola de un manotazo.

”Hemos hecho una promesa, debemos honrarla, como ellos han hecho, nos han ayudado a llevar todo esto en un tiempo record. ¿Acaso a ti te gustaría que te volaran la tapa de los sesos después de hacer un trato? Claro que no, ¿verdad? Estamos en el jodido mundo real, niñato, somos lo que somos, y debemos honrar nuestra palabra, porque, al final, cuando todo ha acabado, el honor es lo único que nos queda. Vamos, si le pisamos a fondo, podremos llegar a nuestro siguiente punto en el viaje antes del amanecer.” durante todo este tiempo había mantenido agarrada la mano con la que sostenía la pistola el árabe. Este hizo acopio de su fuerza de voluntad para no gritar ante la fuerza con la que le estaba agarrando. Su interlocutor parecía que iba a entrar en frenesí.

”Eeeeeeh… vaaale, lo siento… no recordaba lo importante que eran para ti estas cosas… tranquilo, que se larguen… pero han visto nuestras caras, podrían identificarnos… es mejor no correr riesgos.

”Son jodidos espaldas mojadas que acaban de entrar ilegalmente en el país. ¿A quién se lo van a contar? ¿A la policía? ¡Vamos! ¡¡¡Moved el culo, hacia el sur hay una ciudad!!! Bienvenidos a la pesadilla americana…

Mientras los chicanos volvían cabizbajos al pueblo más cercano que había al sur, los dos vampiros subieron a la camioneta, arrancaron, esquivaron su furgoneta averiada y siguieron su viaje.

”Oye… ¿y si la policía encuentra la furgoneta no la identificarán? Puede que nos traiga problemas…

”Hombre… es cierto que hemos cruzado la frontera con ella… pero no hay una denuncia de robo por ella… ya sabes que en México eso de robar coches no es que sea… y además… es de…”

”¡¡¡Dobetto!!!” dijeron ambos a la vez, sin duda imitando algún problema en el habla de alguien.

”JUA JUA JUA, ¿te imaginas la cara que pondrá la poli si va a su casa durante el día y abre la puerta y se encuentra a todas esas putas?

”JAJAJAJA, la cara que quiero ver es la de Dobed, cuando la luz entre junto con el poli y convierta a su harén y a él mismo en un montoncito de cenizas! Lo que hacen algunos por mojar gratis…”

Y así, entre carcajadas, prosiguieron su camino.

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